
Algunos de los presidentes de las Sociedades de Alumnos nos pusimos la camiseta para apoyar a Un Techo para Mi País. La ayuda inició algunas semanas antes, el 12 y 13 de febrero, donde colocamos un stand en la explanada para vender rosas, casamientos, divorcios y peluches para tratar de costear esas dos casas que nos comprometimos a construir. El trabajo fue duro, pero en esos dos días de trabajo logramos generar un presupuesto algo interesante. Después de eso tuvimos una semana donde a cada uno de los presidentes se les asignó un horario para ir a los salones a pedir dinero en una alcancía. Como siempre, hubo buenos grupos que cooperaron con billetes grandes, y hubo salónes dónde el profesor en turno simplemente no nos dejó siquiera tratar de hablar con los alumnos. Sea como fuere, la colecta también dio sus frutos y nos encontramos un poco más cerca de la meta. Para finalizar una fiesta en el Pasagüero en donde los presidentes vendimos boletos. Todo ese dinero que los presidentes juntamos con ayuda de los alumnos fue para pagar las casas que fuimos a construir.
Así es que, después de un maravillloso Día C con 'Los Amigos Invisible', algunos presidentes partimos hacia el lugar destinado dispuestos a ponernos a trabajar. Nos dividimos en dos grupos, fuimos a conocer a nuestra familias y enseguida nos pusimos a trabajar en los cimientos. Todo el sábado estuvimos cavando y midiendo para que los pilotes quedarán a la altura correcta y a la distancia precisa. Cuando murió el sol en el horizonte regresamos a nuestra base, o mejor dicho la escuela pública. Ahí descansamos, cenamos, jugamos y pasadas las once de la noche nos fuimos a dormir. Muy temprano a la mañana siguiente, aún sin ver el sol, nos levantamos, nos refrescamos un poco, desayunamos y regresamos a la construcción para seguir trabajando duro. Pusimos las parrillas, clavamos los tablones del piso, las paredes y el techo. Esa tarde cada quién pudo entregar la casa a su respectiva familia. Complacidos por el trabajo hecho, los presidentes regresaron a la ciudad para seguir velando por sus alumnos.

Así es que, después de un maravillloso Día C con 'Los Amigos Invisible', algunos presidentes partimos hacia el lugar destinado dispuestos a ponernos a trabajar. Nos dividimos en dos grupos, fuimos a conocer a nuestra familias y enseguida nos pusimos a trabajar en los cimientos. Todo el sábado estuvimos cavando y midiendo para que los pilotes quedarán a la altura correcta y a la distancia precisa. Cuando murió el sol en el horizonte regresamos a nuestra base, o mejor dicho la escuela pública. Ahí descansamos, cenamos, jugamos y pasadas las once de la noche nos fuimos a dormir. Muy temprano a la mañana siguiente, aún sin ver el sol, nos levantamos, nos refrescamos un poco, desayunamos y regresamos a la construcción para seguir trabajando duro. Pusimos las parrillas, clavamos los tablones del piso, las paredes y el techo. Esa tarde cada quién pudo entregar la casa a su respectiva familia. Complacidos por el trabajo hecho, los presidentes regresaron a la ciudad para seguir velando por sus alumnos.

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